- Hay historias en el beisbol llenas de reflectores y aplausos, “El Rey” David Reyes ha forjado su legado en silencio y disciplina dentro del beisbol mexicano
Tijuana, Baja California; mayo de 2026.- A lo largo de quince temporadas, David Reyes fue cincelando una carrera a base de constancia. Cada ponche fue un ladrillo, cada salida una prueba, cada rival dominado escribe un capítulo más en la historia de un lanzador que sin buscar reflectores, terminó convirtiéndose en uno de los brazos más respetados de la Liga Mexicana de Beisbol Banorte (LMBB).
Su ascenso comenzó en silencio un 22 de marzo de 2011, cuando un joven Reyes, aún lejos de ser llamado “El Rey”, subió por primera ocasión a la lomita como profesional. Dos años más tarde, el 3 de mayo de 2013 sorprendió a Fernando Alejos de los Pericos de Puebla con un envío que se incrustó por la zona de strike para convertirse en su ponche número 100. Era apenas un destello de lo que vendría.
Un año después, el 26 de junio de 2014, volvió a cruzarse con Pericos. Esta vez, Carlos Ibarra fue la víctima del ponche 200. Reyes ya no era una promesa, era un brazo confiable, un serpentinero que empezaba a construir reputación.
El 21 de mayo de 2016, ante Saraperos, Juan Miranda se convirtió en el ponche 300. Para entonces, Reyes ya había aprendido a dominar no solo con velocidad, sino con inteligencia. Su comando, su temple y su capacidad para leer y trabajar a los bateadores lo estaban convirtiendo en un pitcher completo.
El 4 de junio de 2017, Brad Snyder de Algodoneros cayó abanicando para el ponche 400. Reyes ya era un joven de 27 años, un lanzador que sabía sufrir los juegos y también disfrutarlos. Su curva empezaba a ser respetada y dominante en el beisbol mexicano.
El 7 de abril de 2019, el cubano Yosmany Guerra de Tigres marcó el ponche 500. Medio millar. Para muchos, ese número es una cima. Para Reyes, apenas la mitad del camino.
El 18 de julio de 2021, Miguel Guzmán de Pericos se convirtió en el 600. El mochitense ya era un referente dentro del montículo. Su nombre aparecía en conversaciones de consistencia, liderazgo y durabilidad. Es el tipo de lanzador que un equipo quiere en juegos grandes.
El 11 de junio de 2023, Joel Flores de Bravos fue el ponche 700. Reyes seguía sumando, temporada tras temporada, sin perder filo, sin perder esa mentalidad competitiva.
El 19 de julio de 2024, José Pirela de Diablos cayó por la vía de los abanicados para llegar a los 800 ponches. A esas alturas, Reyes ya era un símbolo de veteranía. Un pitcher que había sobrevivido a cambios de roster, nuevas generaciones de bateadores, cronómetro para lanzar a home y nuevas reglas dentro de la evolución del juego.
Más tarde, llegó el 20 de mayo de 2026 en el Estadio Panamericano. Toros vs. Charros. Un duelo de pitcheo que parecía escrito para él. Reyes subió a la loma con la serenidad de quien ha vivido cientos de batallas. Colgó ceros, uno tras otro, hasta completar seis entradas sin daño bajo la lluvia tapatía. Y en la quinta entrada, frente a Willie Calhoun, llegó el momento.
Un tercer lanzamiento, colocado con precisión quirúrgica en la esquina exterior y alta de la zona de strike, dejó abanicando la lluvia a Calhoun. El umpire, Conrrado Valenzuela, levantó el puño concretando el out por la vía del chocolate. Y Reyes, sin aspavientos, sin celebración exagerada, pidió la pelota a sus compañeros luego de haber alcanzado los 900 ponches en la Liga Mexicana de Beisbol Banorte.
El beisbol, juego caprichoso, no le dio la victoria. Toros cayó 2-1 en diez entradas. Pero la historia del día no estaba en la pizarra. Estaba en la trayectoria de un lanzador que, a fuerza de trabajo, disciplina y carácter, había llegado a una marca reservada para los más constantes.
David Reyes no necesitó coronas ni aplausos para ser llamado “El Rey”. Su reinado se construyó con cada lanzamiento y disciplina. El ponche 900 fue el presagio de las 100 victorias en LMBB, un reconocimiento a una carrera que continúa escribiéndose con éxito en la historia del beisbol mexicano.
