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Culiacán, Sinaloa, octubre de 2017.- Se cumplen cinco años del fallecimiento de don Agustín de Valdez, uno de los más grandes cronistas beisboleros de México. Se sigue extrañando a quien ha sido una de los grandes maestros de la locución beisbolera, forjador de una escuela que tal vez no se vuelva a vivir.
 
Apasionado, vehemente, altamente divertido. Con don Agustín no había momento de reposo ni lapso para el tedio. Era “Sor Pasión” como le llamaban en Los Mochis, protagonista de debates y polémicas, el cronista de algunas exageraciones y relator como ninguno de grandes hazañas beisboleras.
 
Don Agustín falleció un 10 de Octubre de 2012, a los 89 años de edad. Nacido en Mazatlán pero más culiacanense que muchos. Durante más de 50 años desplegó sus grandes facultades, que en él eran dones, tanto en la Sunset League, la Liga de la Costa del Pacífico y en la hoy Mexicana del Pacífico, en esta última siempre al lado de los Tomateros de Culiacán.
 
Hijo de un policía de barrio, se encontró con el béisbol y la crónica por casualidad en la ciudad de México. Era entonces el locutor comercial de la estación de radio que transmitía los juegos de Liga Mexicana desde el parque “Delta” y en alguna ocasión (“de la que no quiero recordar”, decía en broma) ante la ausencia del cronista en turno, tuvo que entrar al obligado y súbito relevo. Ahí nació para el béisbol uno de los más grandes, un genio en la crónica de la radio.
 
Fue contemporáneo y maestro de una generación inolvidable de cronistas como José Carlos Castelló, Eduardo Valdez Vizcarra, Octavio Ibarra y Héctor Islas, Fausto Soto Silva, Mario Thomas…nombres icónicos que dieron lustre y realce al béisbol invernal mexicano y que con sus voces ayudaron a su desarrollo y por ende al engrandecimiento.
 
Se dio tiempo para escribir “Tomateros-Venados, hasta que la muerte los separe”, obra a la que dedicó varios meses y entusiasmo volcado en sus más intensos recuerdos.
 
Protagonista de innumerables anécdotas, como cuando alguna vez, saliendo el estadio “Angel Flores” de Culiacán, un aficionado le gritó: “¡don Agustín! ¿Dónde nació el Huevo Romo?”. Volteó el maestro, hizo bocina con sus manos y respondió “yo soy cronista, no juez del registro civil”.
 
Genio y figura, sí, pero ante todo una voz que resultó indispensable para el béisbol mexicano, esa voz que a través del radio, colocaba al aficionado en una butaca dentro del estadio.
 
Un recuerdo con mucho aprecio para el inolvidable don Agustín de Valdez.

Por admin1

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